Ponencia:

La Cosmovisión Chavín y el San Pedro


Ricardo Guerrero de Luna Rueda

Chavín de Huántar es uno de los centros ceremoniales más importantes de la prehistoria andina y desde 1986, un Patrimonio de la Humanidad. Las últimas investigaciones sugieren que alrededor de Chavín se asentó una población desde el tercer milenio antes de Cristo, y que el auge del santuario aconteció entre los siglos VIII y V a.C. Este centro ceremonial se caracteriza por su complejo diseño arquitectónico, su mampostería megalítica, sus misteriosas galerías, su intricada red de canales subterráneos, su litoescultura totémica, su cerámica pulida; y entre las más importantes, tenemos al Lanzón, uno de los pocos ídolos prehispánicos que ha sobrevivido in situ hasta nuestros días. El Templo del Lanzón cuenta con la Plaza Circular, un espacio abierto de 21 m de diámetro con propiedades acústicas y decorado con placas de granito talladas, más un piso enlosado. En una de ellas se esculpió un personaje híbrido: mitad humano-mitad animal que sostiene entre sus garras el retrato de un cactus San Pedro. En los últimos años, el PIACH (Proyecto de Investigación y Conservación en Chavín de Huántar) ha descubierto un segundo canal subterráneo por debajo de la Plaza Circular. Su diseño permitiría el paso oculto de personas, entrelazando de este lo oculto con lo luminoso. Esta capacidad es simbólicamente muy importante, puesto que las ceremonias de plantas sagradas, como la wachuma o San Pedro, están vinculadas a un renacimiento espiritual capaz de entrelazar los tres mundos de la cosmovisión andina: uku-pacha, subterráneo, kay-pacha, tierra, hanan-pacha, cielo.

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